Estudios recientes nos revelan que, por término medio, la inteligencia emocional en las personas mayores es bastante alta. Valoran las relaciones sociales y cuidan de ellas. Saben apreciar el presente, regulan sus emociones para ajustarse a cada momento y evalúan su entorno y lo que les sucede de forma más positiva para disfrutar, para tener un enfoque más relajado y optimista de su realidad.

Es muy posible que a más de uno le sorprenda los resultados de este trabajo que sacó a la luz tanto la Universidad de Texas como la Universidad de California en Berkeley. A día de hoy aún tenemos una visión algo negativa de las personas mayores y del proceso de envejecimiento. Asociamos cumplir años con declive físico, disminución de las capacidades cognitivas e irremediablemente, con infelicidad, baja motivación y aislamiento social y emocional. Es decir, con pérdidas, sobre todo con pérdidas.

“Con el crepúsculo y la puesta del sol, el día y la vida envejecen, y abre espacios para todo aquello que a uno le ha alegrado un día o una vida entera”.

-Dahlke-

Queda claro que, aspectos como llegar al otoño de la vida con buena salud, son un plus muy importante para afrontar esta etapa: cuantas menos limitaciones, mejores y más variadas son las posibilidades. Queda claro también que la personalidad y las circunstancias de cada uno median en la adopción de un enfoque vital u otro. Ahora bien, lo que han puesto sobre la mesa estos trabajos es que la habilidad para manejar las emociones, así como para reconocer los sentimientos propios y ajenos, mejora (por término medio) de forma notable a partir de los 60 años.

No estamos hablando de algo normativo. Esto no quiere decir que la inteligencia emocional mejore en todos nosotros con los años. Significa que la experiencia habilita a gran parte de las personas en el buen manejo de los procesos emocionales y las orienta a su vez a priorizar algo esencial: las relaciones sociales.

La inteligencia emocional en las personas mayores

Ser mayor, contar con más de 60 años no es sinónimo de soledad, insatisfacción y declive. No lo es desde hace ya más de una década. La esperanza de vida cruza ya el umbral de los 80 años, con lo cual bien podríamos decir que los 60 son una segunda juventud y los 70 una reposada madurez. Así, algo que todos podemos ver a día de hoy es que nuestros mayores son por lo general, increíblemente activos.

Participan en infinitas dinámicas de su comunidad, viajan, disfrutan de sus amigos, se ocupan de sus nietos y son ese apoyo constante y casi imprescindible para sus hijos. Asimismo, y aunque muchas de estas personas se enfrentan a más de una dolencia física e incluso al vacío de alguna pérdida, una buena parte de nuestros mayores evidencia unas habilidades emocionales eficaces.

Sin embargo, ¿cómo lo hacen? El deterioro corporal está ahí, así como los problemas de salud e incluso los económicos o los sociales. Entonces, ¿cómo consiguen las personas mayores mantener en tan buen nivel su bienestar afectivo y emocional? Desde el “Journal of Gerontology” de la Universidad Oxford nos dan las claves. Son las siguientes.

Teorías que explicarían el incremento de la inteligencia emocional en la tercera edad

Vamos con algunas hipótesis que, conjugadas, podrían explicar la sensación de plenitud que vemos reflejada en muchas personas mayores:

  • La inteligencia emocional en las personas mayores se explicaría por la teoría de la selectividad socioemocional. Llega un momento en que uno toma conciencia de que la cuota de vida se está agotando. Esta idea, esta realidad personal y existencial, hace que focalicemos nuestra conducta hacia experiencias emocionalmente gratificantes. No nos importan las recompensas futuras, queremos disfrutar del bienestar aquí y ahora porque los planes a largo plazo cada vez tienen menos sentido.
  •  La teoría de la integración dinámica, por su parte, nos plantea algo diferente. El envejecimiento hace que poco a poco percibamos cómo nuestras capacidades físicas y cognitivas se reducen. Ya no somos tan ágiles como antes, vivimos condicionados por ese dolor de cadera, por nuestra diabetes, por la artritis… En vista de unas realidades que no se pueden controlar, la persona mayor opta por propiciar las emociones positivas como clave de equilibrio y de felicidad. Al fin y al cabo, las emociones son algo que sí está bajo nuestro control.
  • La inteligencia emocional de las personas mayores está orquestada también por su experiencia. Los años les han enseñado a controlar mejor determinadas situaciones emocionales. Entienden sus procesos, se regulan mejor y saben a su vez cómo conectar con las necesidades de los demás.
  • Otro factor tan interesante como revelador es el conocido como “efecto positividad”. Hay personas que tras hacer balance de todo lo vivido o experimentado, deciden quedarse con todo aquello que les fue gratificante. Ese enfoque es filtro personal, promueve que en su día a día se orienten a ver el lado positivo de las cosas, a generar vínculos de calidad, a evaluar cada cosa desde una visión más optimista.

Promover una madurez emocionalmente inteligente y positiva

Una buena inteligencia emocional en las personas mayores se traduce en una mejor calidad de vida. Aún más, los indicadores de salud también se relacionan con este factor. Un buen manejo del mundo emocional reduce el estrés, las depresiones y mejora todos esos retos cotidianos a los que el adulto mayor debe hacer frente: pérdidas, enfermedades, dependencia…

Recordemos que la inteligencia emocional no es algo normativo. No aparece con los años, no todos sabemos en qué consiste y, si lo sabemos, no siempre aplicamos las mejores estrategias de manera efectiva. Por tanto, una estrategia interesante sería que desde cada comunidad se aplicase un programa de inteligencia emocional orientado a personas mayores sin daños o deterioros cognitivos.

Se trataría de dar forma a programas de abordaje multidisciplinar donde atender a cada persona desde su realidad personal. La edad avanzada viene a veces acompañada de alguna crisis personal, ahí donde el desgaste, el desánimo y la desilusión suelen estar presentes en más de alguna ocasión. Habilitar a nuestros mayores en dimensiones como la empatía, la regulación emocional o las habilidades sociales favorecería de forma notable el propio proceso de envejecimiento.

Miremos a la inteligencia emocional en las personas mayores -y en las no mayores- como clave de salud, como motor para generar una tercera edad más vital, más integrada en la propia sociedad y por supuesto más feliz. No podemos olvidar que nuestra esperanza de vida aumenta cada vez más y que tenemos pleno derecho a disfrutarla con intensidad y con los mejores recursos.

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